Impacto del Niño Costero en Perú, por Luis Jose Montgovery

El posible desarrollo de un nuevo episodio del Niño Costero en el Perú vuelve a poner en alerta a la industria agroexportadora. Sin embargo, más allá de los impactos climáticos evidentes, el verdadero riesgo se construye progresivamente dentro del sistema: en la desarticulación entre producción, planificación y logística.

Desde una mirada técnica, Luis José Montgomery, especialista en la industria agrícola en el Perú, advierte que el fenómeno debe entenderse más allá de su asociación tradicional con lluvias intensas. El incremento de temperatura, incluso fuera de temporada, puede generar efectos más severos en los cultivos.

En particular, durante estaciones como el otoño o invierno, donde los cultivos deberían entrar en fases de reposo o preparación, el aumento térmico altera su comportamiento fisiológico. Esto induce un desarrollo vegetativo anticipado y reduce la capacidad de floración en la siguiente campaña, afectando directamente la productividad futura. Este tipo de impacto, aunque menos visible en el corto plazo, puede ser incluso más crítico que los daños por precipitaciones.

A ello se suma una variable estructural: la limitada capacidad de predicción. Montgomery explica que, si bien los modelos climáticos pueden alcanzar niveles de certeza de entre 80% y 90% en el corto plazo, esta precisión se reduce significativamente, hasta un rango de 40% a 50%, cuando se proyecta a seis meses o más. Esta condición obliga a las empresas a operar en entornos de alta incertidumbre, donde la planificación rígida pierde eficacia.

En este contexto, uno de los principales desafíos no está únicamente en el campo, sino en la dinámica de la cadena logística. La etapa de cosecha y postcosecha se posiciona como el principal punto de presión, especialmente cuando los eventos climáticos generan concentraciones atípicas de producción.

Montgomery señala que estos escenarios tienden a comprimir las ventanas de cosecha, generando picos simultáneos en distintos cultivos como arándano, uva o palta. Esto incrementa la demanda sobre infraestructura y servicios logísticos, en un sistema que ya presenta limitaciones estructurales.

La mayor complejidad logística siempre está asociada a la cosecha y postcosecha… vamos a tener picos de producción más concentrados y programas más apretados en el tiempo.

Además, el fenómeno del Niño no debe analizarse únicamente desde una perspectiva local. Su carácter global impacta también las cadenas de suministro internacionales. La posible intensificación de eventos climáticos en otras regiones puede interrumpir flujos de importación desde Asia, afectando el abastecimiento de insumos clave como fertilizantes, sustratos o productos fitosanitarios.

Este efecto combinado, presión interna en exportaciones y disrupciones en importaciones, amplifica la complejidad operativa del sistema.

A nivel sectorial, si bien las empresas agroexportadoras han desarrollado capacidades de planificación más sofisticadas, estas continúan dependiendo de un entorno estructural limitado. La infraestructura logística, las condiciones de transporte y la coordinación entre actores siguen siendo factores críticos que pueden amplificar los impactos de cualquier disrupción.

En ese sentido, Montgomery identifica un patrón recurrente en la gestión de estos escenarios:

El error más común que cometemos todos es la subestimación… y, desde la operación, la falta de comunicación y de tomar medidas integrales.

La fragmentación en la toma de decisiones, donde cada actor responde de forma aislada, reduce la capacidad del sistema para anticipar y mitigar riesgos.

Las consecuencias de esta falta de integración pueden ser severas. En escenarios extremos, las pérdidas productivas pueden alcanzar niveles críticos, con reducciones que, según la experiencia del especialista, pueden situarse entre el 60% y 80%.

Frente a este panorama, el desafío para la industria no es únicamente reaccionar ante eventos climáticos, sino evolucionar hacia modelos operativos más integrados, donde la logística deje de ser un componente de soporte y se consolide como una ventaja estratégica.

La capacidad de anticipación, la coordinación entre actores y la planificación basada en escenarios serán factores determinantes para sostener la continuidad operativa en un entorno cada vez más volátil. Porque, en última instancia, el impacto del Niño Costero no depende únicamente de la intensidad del fenómeno, sino del nivel de preparación del sistema para enfrentarlo.

Deja un comentario